¡Compartir es conocimiento!

Todo empieza en Bachillerato. Las dudas como ¿A qué carrera me meto? y los “eso seguro que es muy difícil”. Finalmente te decides, pero llega el primer día de carrera y vuelven las inseguridades del tipo “no voy a conocer a nadie”, para más inri, los profesores llenan pizarras en segundos y el primer contacto con asignaturas de matemáticas llevan de todo menos números. Casi sin darte cuenta ya están ahí los primeros exámenes, la famosa Hora π, el café en vena y la duda de que Esfuerzo y Resultados tengan una relación de proporcionalidad (Spoiler: eso te acompañará hasta el final de la carrera). También llegan las ganas de mandarlo todo a paseo, los pensamientos de ¿Tal vez esto no es lo mío? Y la sensación de desolación cuando ves a tus amigos salir de fiesta mientras tú te quedas en casa estudiando porque mañana te juegas la asignatura en dos horas de examen.

A mí se me ha pasado por la cabeza y aquí estoy, a un pasito de terminar la carrera y muy orgullosa de haber (casi) vencido al gigante. Dicen que conforme pasa el tiempo se te olvidan los malos momentos y solo quedan los buenos, puede que así sea, pero aún recuerdo de forma muy viva las lágrimas, el cansancio y la desesperación que he sentido en muchas ocasiones durante estos últimos años. Y os prometo que volvería a hacer la misma carrera una y mil veces, porque me he dado cuenta de que me he hecho más fuerte y de que he empezado a ver el mundo con otros ojos. Me ha dado la oportunidad de conocerme un poquito más a mí misma y de poner en valor algo que hoy en día considero uno de los aspectos más importantes en una persona: la actitud.

La actitud… es esa energía que te hace madrugar por las mañanas sabiendo que no vas a llegar a casa hasta dentro de 12 horas, la que te hace tener el culo sentado en la silla hasta que terminas de entender los problemas que el profesor ha explicado en clase como si solo hubiera que sumar 2+2, y la que te hace volver a marcar en la matrícula esa asignatura que ya has suspendido y con la que te aterra volver a enfrentarte. Tu actitud es lo que despierta la de tus compañeros y viceversa, porque es sumamente contagiosa. Juntos siempre somos más fuertes: cuando no rema uno, rema otro y remamos todos.

¿Conoces la Tercera Ley de Newton? Pues más allá de la física se puede aplicar en la actitud de las personas.

 

¿Cómo? Te lo explicamos en este vídeo:

¡Compartir es conocimiento!

Carmen Álvarez Gavito

Estudiante de Ingeniería Electrónica Industrial y Automática, y maestra de futuros ingenieros. Emprendedora. Amante del mundo audiovisual, la educación, la creatividad y la innovación. Me gusta contar historias en forma de vídeos en mi canal de YouTube.

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