¡Compartir es conocimiento!

Ingeniería es un grado complicado ya que mucho más allá de la dificultad, exige un nivel de compromiso con los estudios que no se da en otras carreras universitarias; debes aprender a organizar tu tiempo, asistir a las clases y seminarios y estar atento mientras tomas los apuntes. En este grado no basta activar el modo de escritura automática, memorizar y llegar al examen para hacer un copy&paste de los supuestos conocimientos adquiridos. No, eso no vale. En Ingeniería es diferente: aquí es importante entender cómo funciona un sistema de motores, comprender la lógica de un ordenador o ver la materia a nivel molecular, hay que asimilar todos los conceptos y ver más allá de lo aprendido relacionándolo con la realidad que nos rodea.

Ingeniería es un grado complicado, tanto que la mayoría de estudiantes se alegran (y se conforman) con llegar a un 5 en un examen, lo que los convierte en poco exigentes; lógicamente depende de la dificultad de la asignatura, de los gustos, la capacidad y la disponibilidad de una persona, pero sin embargo, hay una realidad irrefutable: en ingeniería los aprobados no se regalan, y quien aprueba es porque ha trabajado duro y obtiene su recompensa. Es cierto que existen muchas personas que se esfuerzan todo lo que pueden y que aún así, no consiguen superar el 5, pero esta vez no queremos hablar de eso y queremos que conozcáis a un ingeniero ejemplar, que con constancia y esfuerzo, ha conseguido terminar sus estudios de Ingeniería de Tecnología Industrial con una nota final de 10: Ander Rangil.

Ahora que tenemos sentadas las bases y todos se pueden imaginar lo difícil y meritorio que es conseguir el título de ingeniero, pueden valorar más aún que una persona haya sido capaz de hacerlo con la nota máxima de la promoción.

Ander tiene ahora 22 años y está cursando el Máster en Ingeniería Industrial. No se conforma con esto, y ya está pensando en qué hará el año que viene pues quiere marcharse a Chicago a hacer el “Master of Engineering in Mechanical and Aerospace Engineering”; Su trayectoria en ingeniería no ha sido un camino de rosas, no es una persona superdotada, ni un genio. Mucho menos un bicho raro. Decidió estudiar ingeniería gracias a su pasión por las matemáticas y demás asignaturas de la rama científica y durante el bachillerato se presentó a las Olimpiadas de Matemáticas en Euskadi que, sin preparación alguna, quedó en segundo lugar. Al finalizar bachillerato, y con una nota final de selectividad de 13’48 sobre 14 puntos, decidió hacer Ingeniería de Tecnología Industrial debido a la formación polifacética que ofrece el grado y que, como todo estudiante de ingeniería primerizo, sufrió de primera mano el cambio radical de los estudios de instituto a los universitarios.

Barajó la posibilidad de estudiar en la Universidad Politécnica de Madrid, pero finalmente se decantó por Bilbao, donde el tejido industrial ofrece un mayor abanico de posibilidades. Como mencionamos anteriormente, el grado no fue coser y cantar, y de hecho suspendió el primer examen de física que no hizo mella en su carácter de superación. Se apuntó a academias para un par de asignaturas de primero y se esforzó estudiando, asistiendo a alguna que otra tutoría cuando se acercaban los finales y tratando de tener los apuntes decentes un par de semanas antes de examinarse.

Tal vez algunos piensen que es incompatible el ir a curso por año, tener vida social y dormir al mismo tiempo, menos aún hacerlo de manera exitosa como Ander, pero detrás de esta historia que a muchos nos ha dejado boquiabiertos hay una persona sencilla, que practica deportes de equipo, estudia cuando lo considera necesario y que tiene una gran ambición en aprender y formarse. Considera su éxito a veces cuestión de suerte, pero realmente es consecuencia de estar centrado, ser ágil relacionando conceptos y apretando en la rutina de estudio en época de finales. Nunca se ha preocupado por sus notas (de hecho no tiene un 10 en todos los exámenes) y su media es de aproximadamente un 9’15 pero debido a una serie de coeficientes de ponderación de asignaturas aprobadas en la primera convocatoria, le queda de nota general de 10 en el grado; en ocasiones, como cualquier ingeniero, ha sentido que no podía con una asignatura o que iba a suspender algunos exámenes, y si, puede sonar chocante al ver su trayectoria académica, pero sin embargo, quienes conozcan este mundo desde dentro, saben que en muchas ocasiones, por muy bien que te puedas llegar a preparar un temario, si ese día no estás especialmente centrado puedes suspender fácilmente. Ander lo sabe y aunque tiene confianza en si mismo y es consciente de que puede hacerlo, su humildad no le permitirá de antemano decir que va a aprobar con buena nota.

Tras cuatro largos años cargados de todo tipo de experiencias, consiguió finalizar el grado y ante la pregunta de qué momentos recuerda con especial cariño habla de la exposición y defensa de su Trabajo de Fin de Grado ante el tribunal. Según el: “La satisfacción que ponía un bonito broche final a la carrera fue mi mejor momento académicamente hablando”.

Respecto al sistema educativo en España, ambos coincidimos en que está obsoleto y es incompleto, no estimula nada la creatividad y debido a todos los cambios que sufre cada 4 años con los cambios de gobierno no existe un modelo firme sobre el que trabajar. De hecho, muchas veces las opiniones de la propia universidad acerca de cómo quiere hacer sus planes de estudios son desechadas.

Personalmente, respecto a Ander, veo en él muchas cualidades: es un ejemplo a seguir para todos los que estén en estos momentos dudando si estudiar ingeniería, para todos los que estén estudiando y preguntándose si están en el grado correcto, para aquellos que dudan acerca de si conseguirán un trabajo al terminar o para los que ya han terminado y no saben qué camino seguir; pues bien, Ander afirma que ni él mismo sabe qué va a hacer, y nos aconseja que dejemos de pensar dónde estaremos dentro de 5 años para centrarnos en el presente, en seguir formándonos académicamente porque al final, todo lo que consigamos, será consecuencia de lo que hoy hacemos. Como decía Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

¡Compartir es conocimiento!

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