¡Compartir es conocimiento!

Mi nombre es Miguel Ángel, tengo 24 años y soy Ingeniero Industrial especializado en organización industrial tras cinco largos años de estudio y sacrificio. Tal vez mientras estás leyendo esto estés imaginándome como el tipo de persona que viste de traje y corbata, que va en un coche caro al trabajo en unas oficinas situadas en la planta 35 de un gran rascacielos desde el que se ve toda la ciudad y que cobra más 30.000€ anuales. Siento defraudarte, pero no es oro todo lo que reluce. Vivo en un barrio humilde de Londres, trabajo más de 40 horas semanales, pago por una sola habitación el doble de lo que cuesta un piso en España y tengo un trabajo en el que debo dar el 101% para cumplir los objetivos. Esa es mi verdadera realidad. Y si todo sigue igual, será la tuya también (avísame y te reservo una habitación cuando uno de mis 4 compañeros la deje libre). Ahora que me conoces un poco mejor, quiero que conozcas como llegué hasta aquí. Tal vez no seamos muy diferentes.

Desde que era pequeño siempre me ha fascinado la ciencia y la tecnología, desde el saber cómo una televisión es capaz de mostrar una imagen hasta porqué un aparato de más de 200 toneladas es capaz de volar a más de 10.000 metros de altura. Cuando terminé la prueba de acceso a la Universidad, tenía claro que quería estudiar: Ingeniería Industrial. Siempre tuve el apoyo y la motivación de profesores y familiares, nada podía salir mal. Entré a la carrera motivado por esta profesión, por el futuro que promete y el estilo de vida que nos venden desde el primer día que pisas la facultad. Pero cuando terminas,  la realidad es muy diferente. Al menos en España. En nuestro país no recibimos una formación realmente útil, las empresas exigen requisitos inalcanzables para cualquier recién titulado, y para las pocas que nos aceptan, se limitan a pagar auténticas miserias. Miserias respaldadas por el Salario Mínimo Interprofesional que fijan los gobiernos. En esta situación se nos dice que debemos agachar la cabeza, tragar, aprender y aprovechar la “oportunidad” que se nos está brindando. Nos dicen que cuando tengamos años de experiencia, podremos optar a un trabajo digno. Ante esto los jóvenes estamos obligados a irnos fuera, dejando atrás a nuestra familias, amigos, pareja. Dejando atrás nuestra vida y empezando de cero.

A pesar de que vivo fuera, me gusta estar informado de la actualidad de mi país, y hoy he leído una noticia que me ha llamado especialmente la atención: <<El paro registra su mayor caída mensual de la historia, con 129.281 desempleados menos>>.

Es la noticia del día. Todo el mundo habla de que el desempleo desciende en las 6 cifras más altas por primera vez en 10 años. Suena bien, ¿verdad?. Nada más lejos de la realidad. Si, es un dato positivo pero lo que no nos cuentan es que gran parte de la causa se debe a que los jóvenes ya hemos renunciado a la esperanza de encontrar un empleo digno, un empleo en el que formarnos y cobrar al mismo tiempo por nuestro trabajo. ¿De verdad creéis que yo estaría en Londres intentando ganarme la vida, sin poder ahorrar, y perdiendo la calidad de vida que podría tener en mi país? Déjame explicarte algo: la solución que propone el gobierno a la fuga de cerebros no es crear empleos dentro del país, sino limitar el acceso a la formación para evitar que “haya cerebros” que se fuguen.

Mientras tanto, yo seguiré sobreviviendo y formándome, para que algún día pueda volver con los míos. Desde aquí mando muchos ánimos a todos aquellos ingenieros y futuros ingenieros a seguir adelante, a nunca caer y a luchar por lo que de verdad importa: vuestro sueño.

¡Compartir es conocimiento!

ingenieroboss

Derívame y sabrás mi punto máximo.

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