¡Compartir es conocimiento!

4 claves para no tirar la toalla ante las adversidades

 

El perfil del estudiante que acaba finalmente tomando la decisión de estudiar una ingeniería habitualmente suele ser el de alguien que ha pasado las etapas previas a la universidad sin muchas dificultades. Puede que a base de trabajo o gracias a las capacidades personales, cuando el estudiante de ingeniería se planta por primera vez en la puerta de la facultad, no es una persona acostumbrada a encajar muchas derrotas. Debido a la dificultad que supone una carrera como la nuestra, es casi seguro que se va a sufrir más de una, dos o diez derrotas. Y como siempre, el problema con respecto a los errores no son los errores en sí, sino cómo los encajamos. Lo más importante después de caer es la tenacidad para volver a levantarse.

Convertirse en ingeniero conlleva una implicación a muchos niveles con lo que se hace, un sacrificio personal que exige mucho de nosotros. Por eso es fácil venirse abajo cuando después de esa implicación no se obtienen los resultados deseados. La palabra fracaso ronda por nuestra mente cuando ocurre algo así; una, dos o las veces que sea a lo largo de un curso. Y puedes hacer dos cosas: hundirte con él o transformarlo.

 

  • Cuando lo has dado todo, no le debes nada a nadie. Si has dado lo mejor de ti y no has conseguido aprobar un examen clave, no te castigues. La mala fortuna, o cualquiera de los factores que envuelven un examen te pueden haber jugado una mala pasada.
  • Convierte una derrota a medio camino en un aliciente. Si estás a mitad de los exámenes finales y recibes un suspenso que te puede afectar, no pierdas ni un segundo de tu tiempo en compadecerte. Aún puedes acabar bien, aún está en tu mano levantarlo. Convierte ese suspenso en combustible para terminar ese periodo con la cabeza alta.
  • Comparte las derrotas. Durante la carrera de ingeniería uno acaba conociendo a mucha gente y también haciendo unos pocos amigos. Nada une más que superar adversidades juntos, por eso siempre que necesites unas palabras de ánimo búscalas en quien sabes que te las puede dar. Vivir juntos, morir solos.
  • Tomárselo con filosofía. No olvides ponerte a ti mismo por delante de todo. Al fin y al cabo es cierto que hay muchas presiones externas cuando haces la carrera, como por ejemplo la de tu familia. Si las añades a las que la carrera te supone como tal, el peso puede hacerte flaquear. Por eso, recuerda que lo más importante es ser consciente de que quien está haciendo la carrera eres tú y de que tienes que estar bien para hacerla y disfrutarla. No te sometas a mayor presión de la que debes soportar. El mundo no se acaba si se tarda algún año más en ser ingeniero. Trabaja y sufre, porque la carrera lo requiere, pero también disfruta.

 

Estas lecciones se graban en nuestra piel durante toda la carrera. Un ingeniero no aspira únicamente a ser ingeniero, sino también a ser el mejor y para ello hay que saber ser el peor, siendo consciente de la propia ignorancia y tener la capacidad de superarla. En la vida no se puede tener éxito en todo lo que se hace, por eso, además de convertirnos en personas constantes, trabajadoras y soñadoras, aprendemos a encajar golpes. A sentir el sabor del fracaso en la boca. Y a saber que eso no es el fin del mundo, que valemos mucho más que una fracaso pasajero. El día de mañana, cuando seáis ingenieros, el recuerdo de cada pequeño traspié desaparecerá y os quedará el poso de la experiencia que os hará ser mejores personas.

 

¡Compartir es conocimiento!

Mikel Itrube

Me llamo Mikel Iturbe, tengo 24 años y soy graduado en Ingeniería Ambiental por la Escuela de Ingeniería de Bilbao. Actualmente a punto de empezar un máster en el ámbito de la gestión ambiental integrada para empresas. Como ingenieros, debemos buscar el equilibrio entre los beneficios que la ingeniería da al ser humano y los que puede reportar a nuestro planeta.

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