¡Compartir es conocimiento!

No sé si has sido educada con o sin roles de género, no sé si tu entorno te ha “invitado” a soñar con vivir en un castillo mientras tú soñabas con construirlo. No sé si eras de las que prefería pedir a los Reyes Magos un coche teledirigido en vez de un carricoche para tus muñecas, ni siquiera sé si tenías muñecas.

Tampoco sé qué tipo de niña eras ni qué tipo de mujer eres ahora; pero sí sé algo, es probable que en algún momento se te haya pasado por la cabeza que la ingeniería es cosa de hombres. Sería normal que lo hubieras pensado teniendo en cuenta que has sido educada en una sociedad donde la mujer sexy es la que está detrás de la barra de un bar con un escote hasta el ombligo o bailando en el centro de la discoteca, en vez de la que trabaja al mando de una obra con un casco en la cabeza. Vengo a desmentir la afirmación “La ingeniería es cosa de hombres” ¿Por qué? ¿Acaso alguna tarea está reservada para un solo género?

Es probable que en algún momento se te haya pasado por la cabeza que la ingeniería es cosa de hombres

Margaret Hamilton, ingeniera de la NASA y responsable de que el Apollo 11 aterrizara en la Luna, no lo creía. Grace Murray Hopper, creadora del lenguaje de programación COBOL, tampoco. Elsie MacGill, la primera diseñadora de aeronaves del mundo, menos aún. Y en el panorama actual también hay referentes que rompen con estas ideas preconcebidas: Marissa Mayer, ingeniera informática y actual CEO de Yahoo, o Ginni Rometty, ingeniera eléctrica y de sistemas y actual CEO de IBM, entre otras. Aun así, hoy en día las mujeres solo representamos entre un 20 y un 30% del alumnado de ingeniería.

Es una pena porque yo soy mujer y la carrera me ha cambiado la vida. Me llevo a dos personas que forman parte de ese pequeño grupo llamado “amigos de verdad” y muchos compañeros que no me han tratado de forma diferente por el simple hecho de ser una mujer. También a buenos profesores, que no han dudado de mis capacidades a pesar de llamarme Carmen y no Carlos. Me llevo disgustos, desesperación y también alegrías; pero sobre todo me llevo un autoconocimiento y una autoestima que no tenía cuando empecé en Septiembre de 2011. Todo forjado a base de bofetadas, a base de ir ampliando los límites de mi esfuerzo, mi paciencia y mi resistencia cada vez un poco más. Me llevo también las bases para entender el mundo en el que vivimos y la seguridad de poder enfrentarme a cualquier problema con la certeza de encontrar una de las posibles soluciones, y si no la encuentro es porque aún le falta “una pensada” más. Esto es algo que cualquiera, sea del género que sea merece experimentar.

Todo forjado a base de bofetadas, a base de ir ampliando los límites de mi esfuerzo, mi paciencia y mi resistencia cada vez un poco más.

No te voy a mentir: no va a ser fácil. Puede que pasen los años y no obtengas un puesto de la misma categoría que algún compañero. Si la brecha salarial sigue sin cerrarse, cobrarás menos a pesar de realizar las mismas tareas y tener las mismas responsabilidades que un hombre. Es probable que tu nombre no entre nunca en la lista de Margaret, Grace, Elsie, Marissa o Ginni. Pero ten por seguro que de una forma u otra, con tu labor estarás ayudando a hacer de este mundo un lugar mejor.

Serás una persona valiosa, trabajadora y perseverante. Serás ingeniera.

¡Compartir es conocimiento!

Carmen Álvarez Gavito

Estudiante de Ingeniería Electrónica Industrial y Automática, y maestra de futuros ingenieros. Emprendedora. Amante del mundo audiovisual, la educación, la creatividad y la innovación. Me gusta contar historias en forma de vídeos en mi canal de YouTube.

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