¡Compartir es conocimiento!

Más allá de nuestros conocimientos teóricos, nuestra capacidad para retener información, ponerla en práctica y superar exámenes, nos preguntamos continuamente qué necesitaremos el día de mañana como ingenieros de profesión. El ingeniero necesita un conjunto de aptitudes muy concretas para forjarse un nombre en su mundillo, o al menos sobrevivir a él, tales como constancia, visión general, maña…

Observo, sin embargo, que hay una característica que prevalece, una que se forma desde antes incluso que nuestra decisión de cursar esta difícil carrera, una que bien podría delimitar las diferencias con otras profesiones; la curiosidad.

Tal vez durante la carrera no podamos centrarnos en nada más que estudiar para aprobar esa difícil asignatura y así poder empezar a estudiar la próxima, eso sin duda mejorará nuestra capacidad de mantener un esfuerzo constante y de no rendirnos nunca, pero adormecerá otras capacidades fundamentales. Nos hace encajar golpes y superarlos, pero en el fondo, estamos deseando ejercer de ingenieros, comprender el mundo que nos rodea de una manera particularmente técnica. Estoy seguro que vamos a encontrarnos con mecanismos que no entendamos, máquinas que funcionen -o no- y no sepamos cómo. Un ingeniero no lo deja pasar, un ingeniero pregunta “¿por qué?“, y cuando él mismo responde a su pregunta viene el “podría ser mejor, puedo optimizarlo, debo aumentar el rendimiento“.

Al principio es una insignificante chispa, el mando a distancia ha dejado de funcionar, la nevera no enfría, el motor no arranca. La mayoría llamará a un técnico cualificado, o incluso lo dejará estar y comprará algo que lo sustituya, el potencial ingeniero le dará mil vueltas antes que dejarlo en manos de otros o darlo por inútil, no tiene miedo a romperlo, ya está roto, si no puede arreglarlo, al menos necesita comprender por qué ha dejado de funcionar. Seremos chapuceros, usaremos esa maravillosa cinta americana con la que hemos arreglado mil aparatos, puede que incluso empeoremos algo por querer desmontarlo o modificarlo sin acabar de comprenderlo. Pero eso es lo que forma de verdad a un ingeniero, empezaremos con la cinta americana, pero acabaremos soldando, tendremos una mesa disfuncional llena de herramientas desordenadas, pero lo convertiremos en un taller, perderemos veranos en montar y desmontar aires acondicionados hasta que la temperatura sea la óptima.

El ingeniero observa su entorno con otros ojos, donde unos ven obstáculos, nosotros vemos potencial, posibilidades, optimización, preguntas cuyas respuestas no se van a responder solas, los errores son aprendizajes, las derrotas dan forma a las victorias, todo tiene su significado y nunca dejaremos de ansiar conocerlo; de otro modo tendríamos que hablar de rendición, palabra que no está incluida en nuestro diccionario.

 

Autor: Eliot Pineda

¡Compartir es conocimiento!

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