¡Compartir es conocimiento!

Hola, acabo de cumplir 42 años, trabajo para una importante multinacional alemana del sector de la elevación, no puedo quejarme de mis condiciones laborales dadas las circunstancias del mercado, tengo una familia maravillosa, una esposa estupenda y comprensiva con la que tengo una buena comunicación bidireccional, en cuanto a hijos se refiere dispongo de 2 unidades, una unidad masculina de 9 años y otra femenina de 2 años, que amenizan mi tiempo libre con sus risas y sus llantos, con sus alegrías y sus quejas, haciendo de mi vida una entropía ordenada y placentera.

Las obligaciones, los retos y los compromisos se amontonan, se multiplican, tienden al infinito y crecen exponencialmente. El éxito radica en priorizar, agendar y organizar. Y luego están las actividades extraescolares de los niños, que no sé cómo clasificarlas ni en qué grupo meterlas ni quién demonios las inventó. Pero esa es otra historia.

El trabajo y la familia, la vida laboral y la vida familiar, se complementan y se molestan, se odian y se aman, siguiendo la ley conmutativa, sin importar el orden. Al final el tiempo total acaba siendo el mismo. Aunque es impepinable y de lógica cuántica que el tiempo que le dedico a las obligaciones laborales es inversamente proporcional al que dejo para la familia. Lo juro por la Ley de Ohm.  Y las buenas prácticas al respecto radican en sincronizar ambas actividades y hacerlas convivir en armonía

Lo juro por la ley de Ohm

Pero la vida, afortunadamente, mal que le pese a la electrónica, no es solo un mundo binario, de 0 y 1, de familia y trabajo. También está el ocio, el deporte, la lectura, la soledad, el pensamiento o la relajación, entre otros muchos pequeños átomos que componen esa estructura nuclear  amorfa y cambiante que conocemos como tiempo libre. ¿Y eso qué es?, dirá alguno. Háztelo mirar, macho.

Llegado a este punto seguro que tú, querido lector, ya habrás adivinado que soy Ingeniero. Claro, palabras y términos como “unidades”, “tender al infinito”, “exponencialmente”, “binario” o “inversamente proporcional” me dejan en evidencia porque pertenecen al argot o lenguaje “ingenieril” y son muy usadas por nosotros. Pero, ojo, no en el trabajo o en reuniones de alto nivel. De eso nada. Las usamos sobre todo en ámbitos informales para dejar huella y marcar el territorio con respecto a otras agrupaciones universitarias de dudoso pelaje con las que no solo no queremos que nos confundan sino que ni siquiera nos relacionen. Y no me refiero a la Tuna, eh, que sé que alguno lo está pensando.

Es así. El Ingeniero siempre ejerce de ingeniero, presume de ingeniero y hace cosas de ingeniero. Y de igual manera que existen las “frasecicas de maestra” o las “frasecicas de madre” existen, claro está, las “frasecicas de ingeniero”. Y pobre del que no las diga. Ese ni es ingeniero ni es nada.

Y es que, ser Ingeniero es algo más que un título, que un papel o que unas asignaturas cursadas. Ser Ingeniero es un sentimiento, una forma de buscarte la vida, de conseguir soluciones a problemas y de sacarle rendimiento a un negocio, a un trabajo o un proyecto. Y a una piedra si hace falta

Y es que, ser Ingeniero es algo más que un título, que un papel o que unas asignaturas cursadas.

En mi caso, yo empecé a ser ingeniero desde el primer momento en el que elegí que esa iba a ser mi carrera universitaria. Seguro que había otras más interesantes o más atractivas. Seguro que otras eran más románticas y soñadoras. Pero esta era la más práctica. “Apenas hay paro entre los jóvenes ingenieros” se leía en la prensa especializada. “Ea, pues esta elijo yo” dije sin dudar un ápice. “Bellas Artes, Filología Inglesa o Matemáticas ya las estudiaré en otra época”.  Y es ahí, en ese preciso momento, en ese mismo instante, cuando comencé a ser ingeniero. No porque soñara desde pequeñito con vectores, ángulos, diferenciales y factores de potencia. Todo lo contrario. Si a mí me gustaban Shakespeare, el arte  bizantino, Cervantes, Nietzsche, la generación del 27 y el jónico, el dórico y el corintio. No, porque era la primera elección con sentido práctico y funcional. La primera de muchas. La primera de un ingeniero. Un ingeniero raro, amante de las letras, de la lectura, de la ortografía, de los idiomas y de las lenguas muertas. Pero un ingeniero al fin y al cabo, ¡qué narices!

Y es que el Ingeniero no nace, se hace. El ingeniero resiste, se amolda, lucha y persigue objetivos. No sabe muchas cosas. No conoce muchas soluciones. Es un perfecto ignorante en otras. Pero tiene siempre a mano el teléfono del que lo sabe. Y para eso hay que valer también.

Ahora que está tan de moda y es tan valorada en ámbitos laborales la resiliencia, es decir, la cualidad de adaptarse al cambio y a las circunstancias laborales así como a superar las adversidades, ¿quién mejor que un ingeniero representa esa característica?

“Papá, ¿Por qué somos del Atleti?”, rezaba la campaña de abonos de hace ya unos cuantos años del Atlético de Madrid.  “No es fácil de explicar”, decía el anuncio. “Pero es algo muy grande”-

“Papá ¿Por qué somos ingenieros?”, me pregunto yo ahora. Pues no sé si será algo muy grande o no, pero tampoco es fácil de explicar. Y debe ser porque aunque somos normales, nos equivocamos como todo hijo de vecino y se nos cae el pelo como al resto siempre aplicamos la mejor solución a cada problema, buscamos nuestro mejor escenario para destacar, trabajamos duro, somos prácticos y dejamos los sueños, las distracciones y las entelequias para el tiempo libre.

“Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su capacidad para trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil” Albert Einstein

¡Compartir es conocimiento!

Óscar Gómez

Ingeniero Técnico Industrial con 17 años de experiencia: libre profesión (proyectos y direcciones de obra), colaboración con pequeñas empresas e integrante de grandes compañías. Actualmente Jefe de Servicios Postventa en Thyssenkrupp Elevadores desarrollando labores técnicas y comerciales. Master en Gestión y Dirección de Empresas (MBA) y buena mano para los idiomas. Amante de la comunicación, del buen uso de la palabra y de la gestión de equipos.

Mis artículos

Sígueme en mis redes:
TwitterFacebookLinkedIn